martes, septiembre 20, 2005

mírame, soy un apátrida

Y pasamos nuestra infancia en la trinchera. Hacía tanto de la guerra que su sombra sólo alcanzaba la mirada de nuestros abuelos. Éramos niños, mirábamos directamente al sol. Disparábamos y caíamos y nos volvíamos a levantar, constantemente heridos. Anticipándonos a lo que vendría, cada mañana decidíamos quien debía desertar. Parece mentira. Nunca nos equivocamos.