sábado, septiembre 03, 2005

La muerte, para acabar conmigo, no necesita mi aprobación

Aquella noche me expuso los rudimentos de lo que daba en llamar darwinismo social inverso. Los individuos menos dotados, decía, incrementan la hostilidad del medio hasta ser expulsados o abandonados a su suerte en un entorno más y más empobrecido, cubriendo ciclo tras ciclo para alcanzar la exclusión más absoluta: la indigencia, la soledad y la demencia.