curiosidad
Me acuerdo del viejo maestro que tuvo que abandonar la escuela. Vestía siempre jersey azul, pantalón vaquero, botas altas. En algún momento corrió el rumor descabellado de que llevaba espejos en las botas, a la altura del tobillo, para espíar bajo las faldas. Lo negó, todo era absurdo, a nadie le importó un carajo. Tampoco a mí.
Yo era niño. Adquirí dos inquietudes: descubrir los deseos ocultos en las cabezas respetables, indagar qué debe haber bajo la falda que lo vuelva tan interesante.
Yo era niño. Adquirí dos inquietudes: descubrir los deseos ocultos en las cabezas respetables, indagar qué debe haber bajo la falda que lo vuelva tan interesante.

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