martes, noviembre 01, 2005

Nadie conoce a Tanco.

Los gobiernos son coyunturales.
El Poder es estructural.
¿Donde está Tanco?
Esta noche habrá boxeo, todo el mundo estará pendiente de la radio, tal vez sólo unos minutos. Te invitan, en una casa del vecindario os reuniréis para escucharla, charlar, jugar a las cartas. Una hora, a lo sumo dos, según lo que tarde en despacharse el campeón.
No conoces al dueño de la casa.
No conoces a la mayoría de personas en la casa. Salvo dos amigos y algún vecino.
No conoces a Tanco. No sabes donde está Tanco.
No te importa donde está Tanco.
Nadie en la casa, que tú sepas, conoce a Tanco.
Desde luego Tanco no está en la casa.
La pelea se ventila en diez minutos, te quedas un rato más, es fría la noche en la calle. Irrumpe la policía.
Os rodea.
Os encañona.
Os golpea.
Os interroga.
¿Donde está Tanco?
Ahora debes pensar por un momento que estás en la Argentina, en el 56, por ejemplo.
El peronismo está proscrito, la democracia bajo custodia, y el estado de derecho es, bien, sí, una bonita fachada, pero en el fondo una idea excéntrica, una artimaña criptocomunista.
Bien, ya sabes que es la Argentina.
Ahora olvídate de la Argentina.
Aprovecha el descanso (mientras sois esposados, identificados, despojados de los efectos personales, se os expede un recibo, se os interroga uno por uno, etc. En total unas dos horas) para explicarte la cosa en términos de lucha de clases.
En términos de clase obrera y oligarquía, en términos de justicia social, en términos de una aspiración de ingresar a la clase media, de abandonar la villa miseria.
Y en esa dinámica las huelgas y la represión, el peronismo con todos sus males, el gorilismo atento a los cambios de oleaje.
En pocas palabras: No sabes nada de Perón. No sabes nada de Tanco. No sabes nada de jueces, generales, oligarcas, servicios de información, de intrigas de cloaca. Pero las cosas funcionan así: Para manejarte te necesitan jodido. Para enriquecerse te necesitan bien pobre.
Hay malas noticias que ignoras, y se termina el descanso. Levantamientos aquí, allá, militares, civiles, comandados por Valle, y tal vez Tanco. No estás enterado. Sólo un par de vosotros lo sabe, prefiere callar.
Os cargarán al camión, os mentirán todo el tiempo, os bajarán en un basural, alguno echará a correr, alguno escapará, el fusilamiento será una chapuza, una carnicería, una calamidad de gorilas, y no me refiero a la ilegalidad manifiesta, ni a la ejecución sumaria, ni a los detalles que por derecho os amparan.
Me refiero a la pura técnica de ejecución.
Me refiero a que, joder, ni fusilar sabemos.
Más adelante, tanto si sobrevives como si no la cosa se pone peor.
Está el miedo.
Está el mecanismo, el viejo mecanismo de siempre que encubre al pistolero y promociona al gorila alfa, léase, el jefe encargado de la calamidad.
Está el mecanismo que se perpetúa a través de las décadas y estallará (hablamos otra vez de Argentina) con brutalidad nunca vista en los años 70.
Está el macho alfa.
Siempre el macho alfa.
Puedes olvidarte del país, del presidente, del comunismo, del capitalismo, del despotismo ilustrado, del feudalismo, de las castas y los clanes.
Pero no te olvides jamás -y digo jamás- del Macho Alfa.
Está el mecanismo que desnudó un periodista (Rodolfo Walsh; Walsh RJ). Y es el mecanismo que perpetúa la estructura a través de las coyunturas, que convierte al gobierno en accidente, que amordaza (cuando no instrumentaliza) a las instituciones.
Y pongamos que hablo de Argentina pero ahora ya no.
Pongamos que Rodolfo lo cuenta tan claro que parece ficción.
Que dan ganas de llorar.
Que dan ganas de pensar en el caudal literario de un estilo tan directo, en el dominio del tempo y el lenguaje, en la claridad de la exposición.
Que dan ganas de pensar en cosas banales como, ¿Ché, y este muchacho no está a la altura de Cortázar, de Borges, de Sábato, pero en una liga aparte?
¿Como en otro deporte?
Pensar en eso y admirarlo y dejar de pensar en por ejemplo:
Las fosas comunes del Pirineo.
Las trincheras abiertas en el Valle del Ebro.
Los falangistas recauchutados de nuestras instituciones, nuestro parlamento, nuestros consejos de administración.
De nuestras Comunidades Autónomas.
Las denuncias por tortura en nuestras comisarías.
Las deportaciones.
El Señor X. Sus relaciones con la prensa.
Los esfuerzos legislativos por tratar la pobreza como una especie protegida: Nada que atente contra el reparto actual de la riqueza.
La política de extranjería entendida como el frágil equilibrio entre los conceptos de orden público y masa crítica.
Quiero decir: La masa crítica de irregulares sin derechos permanentemente en el umbral de la no supervivencia. La masa crítica de víctimas que culpabilizar en una perversa lectura de la ley de la demanda.
Pensar en esas cosas, por ejemplo.
No pensar en libros.
No pensar en Argentina. Pensar que no tenemos a Rodolfo, que nos falta uno, diez, cien Rodolfos.
Argentina tuvo uno. Lo mató. Pero lo tuvo.
Albania tiene a Kadaré.
USA tiene a Ellroy.
Pensar en Albania porque comienza por A.
Pensar en Ellroy porque comienza por E.
Pensar en España porque comienza por E.
Pensar en Kadaré. Pensar en el Tabir Saray como el espejo donde proyecta la asfixia (con turbante de otomano). Pensar en el servicio secreto que encarcela a los muertos y fiscaliza los sueños. Leer todo de Kadaré.
Pensar en Ellroy. Ficción más verdad que lo real. América. JFK. CIA. Know your enemy. Las entrañas del coloso, las entrañas del demente.
Pensar en España.
Pensar en escriba el nombre del país en la línea de puntos.
Se aceptan proposiciones. Se ruegan proposiciones. Cualquier hallazgo será recompensado.
Y pensar en hacer algo.
Decir algo.
Decir todo. Subirse a la tarima, saludar a los majaras, encogerse de hombros, decir: "Todo".
Decir esas cosas.
Y por último.
Tanto si te fusilaron en el basural como si huíste. Tanto si conoces a Tanco como si no. Lecturas recomendadas.
Rodolfo Walsh: "Operación masacre" "¿Quien mató a Rosendo?" "Caso Satanowsky"
Ismail Kadaré: "Spiritus" "El palacio de los sueños" "Abril quebrado"
James Ellroy: "America" "Mis rincones oscuros"
Amen.

2 Comments:

Blogger indah said...

Ha llegado un momento que no entendía qué querías decir. Me daba igual. Sabía que, que yo lo entendiera no era importante. Lo importante es 'saber', sentir el frío recorriendo todos los poros de tu piel, y el miedo: una montaña se va a derrumbar sobre ti. No la ves. La presientes. Corres, y aumenta la velocidad a la que ruedan los pedruscos que se te vienen encima. Sigues corriedo. Ellos también. Tus posibilidades de salvarte son mínimas. No hay un lugar donde esconderse. Nadie en quien confiar, ni siquiera en la Justicia.
Y sabes que no es una pesadilla.

Probablemente no es lo que pretendías narrar, pero es lo que yo he sentido al leer. Escribes muy bien.

5:53 p. m.  
Blogger (+ip) said...

Saber como las cosas que no se saben, tú lo has dicho. Mis intenciones no son claras, ni siquiera para mí, y aunque lo fueran ¿qué más da? En realidad es más como tirar piedras a ver qué suena.
En cualquier caso, me parece que lo bueno de esta vida es que no haya escapatoria, así resolvemos un problema, no vale correr, sólo nos falta saber encarar.
Por otra parte el punto de partida fue contar un libro de Walsh...

11:55 a. m.  

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