domingo, octubre 23, 2005

(te espero adentro, en el incendio)

Y decir cosas como: Yo nací en una comuna, una casa enorme con muchos niños, y dormíamos todos juntos, algo apartados del mundo de nuestros padres. Y en nuestra habitación guardaban libros y ropas de colores, y abalorios y animales y puede que también sueños y miedos. Y yo sabía de todo aquellos y comprendía como comprenden algunos niños de corta edad, y aquella noche cuando me aseguré de que todos dormían me levanté sobre la cama y grite como un poseso: fuego fuego fuego fuego fuego fuego y los vi salir corriendo hacia la calle sin tan siquiera preguntarse cómo aquello estaba en llamas y sin embargo tan oscuro. Y los recuerdo mirando adentro desolados, llamándome sin atreverse por si de pronto aquel incendio no declarado se alzaba en llamas desde el silencio donde, sentado, sereno, ya casi dormido, les aguardaba en la más completa oscuridad.

1 Comments:

Blogger indah said...

Tan inquietante como desolador. Oyes la llamada: te espero adentro, en el incendio, y no corres, no llamas. Te miras y descubres en tu propio el espejo cómo es el rostro del miedo.

En realidad, tremendo.

7:59 p. m.  

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