jueves, septiembre 08, 2005

Lucha de clases en el Hades

Y por las tardes saltábamos la tapia del cementerio para visitar al niño muertito, porque pensábamos que de alguna manera la muerte tiene grados y basta dar una vuelta por las tumbas para comprobarlo. El tamaño de una muerte depende del tamaño del cadáver y del mármol, así pues entre las lápidas contábamos muertos, muertotes, muertitos, muertazos y cachomuertos, y a cada cual su rango, y por eso procurábamos pasar aprisa frente a las losas colosales de los muertazos Don y Don, y de los cachomuertos de los panteones, que imaginábamos proseguían entre los muros sus vidas aristocráticas como de duques de peli del sábado o duquesitas petardas de papel cuché. Pero muy mucho nos cuidábamos de mirar siquiera, como sintiendo la presencia de poderes ultraterrenos capaces de amargarnos esta vida y las demás. Luego, a través de los nichos decorados como el salón de nuestras madres, la vida entre los muertos se relajaba. Las fotografías en blanco y negro, las flores mustias, el despliegue vertical de ventanas acristaladas, las sonrisas de los muertos enmarcadas frente a sus lápidas, como invitando, como diciendo no está mal, después de todo no está mal, casi peor fue vivir con ellos, te dirían señalando a tus espaldas para que volvieras a sentir el temor casi palpable por el lujo de esas tumbas, y tú asentirías, y le dirás con dios señora, con dios señores, sigan bien muertos que ya nos vemos, sigan sus cosas que luego vengo, y seguir con paso alegre, casi feliz por acercarse a la tumba sin flores, al pequeño sarcófago de piedra y cemento donde abandonado en un rincón el niño muertito aguardaba, jardín de muertos en la infancia, para pasar allí la tarde, saludar al cráneo chico que adivinábamos por una grieta, para fumar a escondidas y charlar a escondidas y contemplar a los muertos, los muertotes y los cachomuertos, con esa vida rica, escasa y rara de cualquier niño, y para guardarlo, para contarle, para contarlo entre los nuestros. Al niño muertito de poca vida y muerte abarcable.