atentos, ha llegado el anticaos
Llamaré drogas anticaos a aquellas que son capaces de disminuir el rango de oscilación de un sistema cerebral cualquiera.
(...)
El humor o tonalidad afectiva es uno de los parámetros psiquiátricos que mejor pueden estudiarse a través de la teoría del caos, en tanto que emergen de las condiciones de un sistema no lineal: el humor puede considerarse que es una variable (como los niveles de glucosa) que deben permanecer en una cierta homeostasis donde son permisibles variaciones individuales que oscilan en un determinado rango y sobre todo relacionadas con los eventos de la vida. Así, la alegría y la pena son condiciones adaptativas que representan modos adaptados de reacción en función de las circunstancias o vivencias individuales. La patología del humor sin embargo procede de una caotización de este sistema. El paso de un sistema homeostático a un sistema caótico (aperiódico) procede casi siempre de la superación de un número o masa critica que hace derivar al sistema fuera o lejos de las condiciones del equilibrio y una vez caotizado el sistema se hace impredecible.
Esta perdida del equilibrio de la regulación del humor en mi opinión tiene mucho que ver con el inacabado de nuestro sistema dopaminérgico. Todo parece señalar a que la evolución propició un sistema dopaminérgico abierto para el Sapiens producto de sus condiciones de vida nomádicas y donde los recursos alimentarios y la autopreservación de la integridad física se encontraban en relación directa con las amenazas y presiones del medio ambiente. Significa que la evolución dejó abierto el sistema de recompensas, búsqueda y gratificación pero también la autoestimulación (arousal) y la autotranquilización en una especie – la nuestra- que necesariamente debía desplazarse y salir a buscar alimentos y recursos constantemente. Este inacabado del sistema dopaminérgico es condición para un aprendizaje adaptativo en un entorno basado en recursos dispersos en el sistema y en amenazas inesperadas y casi constantes. Los isomorfismos del gen DRD4 descritos en el Sapiens (casi 11 variaciones del mismo gen) que codifican al receptor D4 para la dopamina hacen pensar que la especie humana diseminó múltiples estrategias relacionadas con esta cualidad de búsqueda a diferencia de otras especies como la mosca de la fruta que tiene este mismo gen pero sólo con dos isomorfismos: uno que marca salida (a por alimentos cuando escasean) y otro que señala quedarse (con los alimentos, cuando hay excedentes).
Es precisamente esta cualidad de inacabado del sistema dopaminérgico lo que explica que el Sapiens tenga la posibilidad de establecer y consolidar hábitos que contradigan el principio del placer así como también que vayan en contra de la autopreservación. El sistema dopaminérgico humano es tan plástico que puede adaptarse incluso a una conducta disadaptada, aun sabiendo que es inadaptada, es decir con conciencia de disadaptación, es más, determinadas conductas pudieron evolucionar precisamente porque resultaban inadaptadas pero posiblemente fueran seleccionadas por otro tipo de mecanismos relacionados con la selección sexual. En este sentido el vómito bulímico, la conducta de riesgo del buscador de sensaciones o el consumo de sustancias serian ejemplos de conductas disadaptadas que aunque a veces son incompatibles con la autopreservación o que se sitúan más allá del principio del placer pudieran engrandecer el autoconcepto o la percepción de eficacia o atractivo. Una vez constituidas en hábito pasarían a formar parte de la configuración dopaminérgica inicial de la personalidad y se independizarian como alarmas o gatillos específicos para esa persona determinada, parasitando las alarmas o gatillos evolutivos preformados.
QUÉ ES EL KINDLING
Kindling puede ser traducido como encendido o más bien como sensibilización. Se trata de una hallazgo de Goddard que buscaba un modelo animal de epilepsia para el laboratorio, trabajando con ratas y varias especies animales descubrió que las repetidas señales electricas subconvulsivas podian operar a medio y largo plazo de forma acumulativa y disparar una convulsión. Una vez establecida este nuevo umbral ya no era necesario seguir estimulando al animal que quedaba asi convertido en epiléptico, es decir tenia convulsiones en ausencia de los estimulos.
El kindling puede establecerse mediantes descargas subconvulsivas electricas pero tambien con sustancias quimicas (picrotoxina, lidocaina, etc) y tambien - y de ahi su interés en la patologia humana- mediante experiencias ansiogenas o eventos estresantes. Un evento estresante cuaquiera (en una personalidad vulnerable) puede encender el mecanismo que después irá incrementándose en la evolución del individuo y más tarde independizándose del sistema haciendose automático (caótico). El kindling se estableció como un modelo explicativo de muchas enfermedades mentales sobre todo para el trastorno de pánico, la dependencia al alcohol, y cocaina, asi como un modelo perfecto para estudiar las oscilaciones del humor del trastorno bipolar y tambien los trastornos de personalidad interictales de la epilepsia, o la adicción al alcohol.
(...)
Por ejemplo en el alcoholismo es la abstinencia la que genera el kindling y tambien las convulsiones, mientras que en la dependencia a la cocaina es la cocaina misma la que provoca el efecto kindling pero no por sus efectos psicoestimulantes sino por sus efectos anestésicos. En las oscilaciones del humor lo que tiene importancia es la frecuencia de la ciclación, asi en los cicladores rapidos podemos afirmar que tienen más riesgo de hacer más fases, brotes y hospitalizaciones que aquellos que tienen pocos brotes lo que es coherente con la masa critica que es necesaria para convertir un sistema predecible y causal en otro aperiodico o caótico.
El tratamiento de estas disregulaciones del humor por tanto vendría de la mano de aquellos medicamentos que tratan de llevar al sistema a sus condiciones iniciales, es decir de aquellos que tratan de reducir las oscilaciones del humor y que probablemente también tuvieran acción en la epilepsia verdadera, una enfermedad que desde el orden natural produce nuevos equilibrios en los sistemas desacoplados, como tambien lo hace el ECT. Esto es realmente algo paradojico porque sabemos que la ECT eleva el umbral anticonvulsivo y es además una opción terapeutica nada desdeñable para desacoplar un sistema oscilante. Los fármacos antikindling, que poseen efecto normotimico tienen también propiedades anticonvulsivantes. El primero que se estudió fue la carbamazepina que demostró no solo su efecto antimaníaco sino también su efecto protector en las recurrencias maniacas y disfóricas del trastorno bipolar, pero que carece de acción en la prevención de la depresión, sin embargo posee indicaciones en la epilepsia temporal y en los trastornos de personalidad interictales tanto de las personalidades epilepticas como en otras, además es de elección en los sindromes de abstienencia alcoholica porque previene las complicaciones psiquiatricas de la misma. Una acción que volvió a repetirse con el valproato (antimaniaco y preventivo de las recurrencias maniacas sin acción en las recurrencias depresivas). Más tarde el Topiramato otro fármaco antikindling demostró su acción sobre las ingestas compulsivas y el comportamiento del peso (otro parámetro caótico en ciertas enfermedades) al tiempo que demostraba eficacia en el tratamiento de la epilepsia, no fue, sin embargo, capaz de demostrar ninguna eficacia en el tratamiento de las fases maniacas, ni preventivo en las fases depresivas o maniacas. Por último la lamotrigina tiene el efecto inverso a los anteriormente citados, es un buen antidepresivo por si mismo y previene por tanto las fases depresivas de los ciclos afectivos, pero carece de acción antimaníaca y de acción preventiva en las oscilaciones maniacas del trastorno bipolar.
Sin embargo me interesa recalcar de acuerdo con la idea de este articulo un efecto sutil de este grupo de medicamentos que va más allá del efecto antimaníaco o antidepresivo o de la prevención de las grandes oscilaciones afectivas: me refiero a su efecto neuroprotector que en términos biológicos tiene que ver con la estructura antes mencionada de nuestro sistema dopaminérgico diseñado para ir haciéndose de acuerdo con los estímulos del medio ambiente, se trata de fármacos que reducen “la condición de búsqueda”, dicho de otro modo que operan sobre la tendencia a las conductas de autoestimulación que proceden de los gatillos dopaminérgicos preestablecidos a partir de hábitos mórbidos y debidos a aprendizajes anómalos y lo hacen desde la inhibición del sistema glutaminérgico y el receptor NMDA, un sistema excitador. En este sentido se trata de fármacos anticraving de primera generación (estoy convencido de que pronto tendremos fármacos anticraving más potentes y específicos), es decir de fármacos que operan sobre las conductas de aprovisionamiento de tóxicos, en el caso de las toxicomanias, pero también de laxantes, en el caso de bulímicas o de búsqueda de estímulos en un sentido más genérico. Operan por tanto frente a la repetición autoestimuladora procedente de un gatillo o hábito.
Dicho de un modo más claro: este tipo de medicamentos llamados normotímicos son capaces de amortiguar la excitación del sistema glutaminérgico y evitar las pequeñas o grandes oscilaciones o disregulaciones del humor que observamos en los trastornos de personalidad, sobre todo del cluster B, algo que los antidepresivos tipo IRSS por si mismos son incapaces de asegurar en ausencia de una depresión clínicamente establecida.
Francisco Traver Torras (c) 2004
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El humor o tonalidad afectiva es uno de los parámetros psiquiátricos que mejor pueden estudiarse a través de la teoría del caos, en tanto que emergen de las condiciones de un sistema no lineal: el humor puede considerarse que es una variable (como los niveles de glucosa) que deben permanecer en una cierta homeostasis donde son permisibles variaciones individuales que oscilan en un determinado rango y sobre todo relacionadas con los eventos de la vida. Así, la alegría y la pena son condiciones adaptativas que representan modos adaptados de reacción en función de las circunstancias o vivencias individuales. La patología del humor sin embargo procede de una caotización de este sistema. El paso de un sistema homeostático a un sistema caótico (aperiódico) procede casi siempre de la superación de un número o masa critica que hace derivar al sistema fuera o lejos de las condiciones del equilibrio y una vez caotizado el sistema se hace impredecible.
Esta perdida del equilibrio de la regulación del humor en mi opinión tiene mucho que ver con el inacabado de nuestro sistema dopaminérgico. Todo parece señalar a que la evolución propició un sistema dopaminérgico abierto para el Sapiens producto de sus condiciones de vida nomádicas y donde los recursos alimentarios y la autopreservación de la integridad física se encontraban en relación directa con las amenazas y presiones del medio ambiente. Significa que la evolución dejó abierto el sistema de recompensas, búsqueda y gratificación pero también la autoestimulación (arousal) y la autotranquilización en una especie – la nuestra- que necesariamente debía desplazarse y salir a buscar alimentos y recursos constantemente. Este inacabado del sistema dopaminérgico es condición para un aprendizaje adaptativo en un entorno basado en recursos dispersos en el sistema y en amenazas inesperadas y casi constantes. Los isomorfismos del gen DRD4 descritos en el Sapiens (casi 11 variaciones del mismo gen) que codifican al receptor D4 para la dopamina hacen pensar que la especie humana diseminó múltiples estrategias relacionadas con esta cualidad de búsqueda a diferencia de otras especies como la mosca de la fruta que tiene este mismo gen pero sólo con dos isomorfismos: uno que marca salida (a por alimentos cuando escasean) y otro que señala quedarse (con los alimentos, cuando hay excedentes).
Es precisamente esta cualidad de inacabado del sistema dopaminérgico lo que explica que el Sapiens tenga la posibilidad de establecer y consolidar hábitos que contradigan el principio del placer así como también que vayan en contra de la autopreservación. El sistema dopaminérgico humano es tan plástico que puede adaptarse incluso a una conducta disadaptada, aun sabiendo que es inadaptada, es decir con conciencia de disadaptación, es más, determinadas conductas pudieron evolucionar precisamente porque resultaban inadaptadas pero posiblemente fueran seleccionadas por otro tipo de mecanismos relacionados con la selección sexual. En este sentido el vómito bulímico, la conducta de riesgo del buscador de sensaciones o el consumo de sustancias serian ejemplos de conductas disadaptadas que aunque a veces son incompatibles con la autopreservación o que se sitúan más allá del principio del placer pudieran engrandecer el autoconcepto o la percepción de eficacia o atractivo. Una vez constituidas en hábito pasarían a formar parte de la configuración dopaminérgica inicial de la personalidad y se independizarian como alarmas o gatillos específicos para esa persona determinada, parasitando las alarmas o gatillos evolutivos preformados.
QUÉ ES EL KINDLING
Kindling puede ser traducido como encendido o más bien como sensibilización. Se trata de una hallazgo de Goddard que buscaba un modelo animal de epilepsia para el laboratorio, trabajando con ratas y varias especies animales descubrió que las repetidas señales electricas subconvulsivas podian operar a medio y largo plazo de forma acumulativa y disparar una convulsión. Una vez establecida este nuevo umbral ya no era necesario seguir estimulando al animal que quedaba asi convertido en epiléptico, es decir tenia convulsiones en ausencia de los estimulos.
El kindling puede establecerse mediantes descargas subconvulsivas electricas pero tambien con sustancias quimicas (picrotoxina, lidocaina, etc) y tambien - y de ahi su interés en la patologia humana- mediante experiencias ansiogenas o eventos estresantes. Un evento estresante cuaquiera (en una personalidad vulnerable) puede encender el mecanismo que después irá incrementándose en la evolución del individuo y más tarde independizándose del sistema haciendose automático (caótico). El kindling se estableció como un modelo explicativo de muchas enfermedades mentales sobre todo para el trastorno de pánico, la dependencia al alcohol, y cocaina, asi como un modelo perfecto para estudiar las oscilaciones del humor del trastorno bipolar y tambien los trastornos de personalidad interictales de la epilepsia, o la adicción al alcohol.
(...)
Por ejemplo en el alcoholismo es la abstinencia la que genera el kindling y tambien las convulsiones, mientras que en la dependencia a la cocaina es la cocaina misma la que provoca el efecto kindling pero no por sus efectos psicoestimulantes sino por sus efectos anestésicos. En las oscilaciones del humor lo que tiene importancia es la frecuencia de la ciclación, asi en los cicladores rapidos podemos afirmar que tienen más riesgo de hacer más fases, brotes y hospitalizaciones que aquellos que tienen pocos brotes lo que es coherente con la masa critica que es necesaria para convertir un sistema predecible y causal en otro aperiodico o caótico.
El tratamiento de estas disregulaciones del humor por tanto vendría de la mano de aquellos medicamentos que tratan de llevar al sistema a sus condiciones iniciales, es decir de aquellos que tratan de reducir las oscilaciones del humor y que probablemente también tuvieran acción en la epilepsia verdadera, una enfermedad que desde el orden natural produce nuevos equilibrios en los sistemas desacoplados, como tambien lo hace el ECT. Esto es realmente algo paradojico porque sabemos que la ECT eleva el umbral anticonvulsivo y es además una opción terapeutica nada desdeñable para desacoplar un sistema oscilante. Los fármacos antikindling, que poseen efecto normotimico tienen también propiedades anticonvulsivantes. El primero que se estudió fue la carbamazepina que demostró no solo su efecto antimaníaco sino también su efecto protector en las recurrencias maniacas y disfóricas del trastorno bipolar, pero que carece de acción en la prevención de la depresión, sin embargo posee indicaciones en la epilepsia temporal y en los trastornos de personalidad interictales tanto de las personalidades epilepticas como en otras, además es de elección en los sindromes de abstienencia alcoholica porque previene las complicaciones psiquiatricas de la misma. Una acción que volvió a repetirse con el valproato (antimaniaco y preventivo de las recurrencias maniacas sin acción en las recurrencias depresivas). Más tarde el Topiramato otro fármaco antikindling demostró su acción sobre las ingestas compulsivas y el comportamiento del peso (otro parámetro caótico en ciertas enfermedades) al tiempo que demostraba eficacia en el tratamiento de la epilepsia, no fue, sin embargo, capaz de demostrar ninguna eficacia en el tratamiento de las fases maniacas, ni preventivo en las fases depresivas o maniacas. Por último la lamotrigina tiene el efecto inverso a los anteriormente citados, es un buen antidepresivo por si mismo y previene por tanto las fases depresivas de los ciclos afectivos, pero carece de acción antimaníaca y de acción preventiva en las oscilaciones maniacas del trastorno bipolar.
Sin embargo me interesa recalcar de acuerdo con la idea de este articulo un efecto sutil de este grupo de medicamentos que va más allá del efecto antimaníaco o antidepresivo o de la prevención de las grandes oscilaciones afectivas: me refiero a su efecto neuroprotector que en términos biológicos tiene que ver con la estructura antes mencionada de nuestro sistema dopaminérgico diseñado para ir haciéndose de acuerdo con los estímulos del medio ambiente, se trata de fármacos que reducen “la condición de búsqueda”, dicho de otro modo que operan sobre la tendencia a las conductas de autoestimulación que proceden de los gatillos dopaminérgicos preestablecidos a partir de hábitos mórbidos y debidos a aprendizajes anómalos y lo hacen desde la inhibición del sistema glutaminérgico y el receptor NMDA, un sistema excitador. En este sentido se trata de fármacos anticraving de primera generación (estoy convencido de que pronto tendremos fármacos anticraving más potentes y específicos), es decir de fármacos que operan sobre las conductas de aprovisionamiento de tóxicos, en el caso de las toxicomanias, pero también de laxantes, en el caso de bulímicas o de búsqueda de estímulos en un sentido más genérico. Operan por tanto frente a la repetición autoestimuladora procedente de un gatillo o hábito.
Dicho de un modo más claro: este tipo de medicamentos llamados normotímicos son capaces de amortiguar la excitación del sistema glutaminérgico y evitar las pequeñas o grandes oscilaciones o disregulaciones del humor que observamos en los trastornos de personalidad, sobre todo del cluster B, algo que los antidepresivos tipo IRSS por si mismos son incapaces de asegurar en ausencia de una depresión clínicamente establecida.
Francisco Traver Torras (c) 2004

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